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01 abril 2013

Malvinas, homenaje al Teniente Estevez


Malvinas, homenaje al Teniente Estevez

Teniente Estevez
Teniente Roberto N. Estévez


Roberto Néstor Estévez, nacido en Misiones el 24 febrero de 1957, Teniente del Regimiento de infantería mecanizado 25 del Ejercito Argentino y comando. Cayo conduciendo la Sección de tiradores especiales de dicho regimiento en medio de un duro combate en el cerro Darwin, Isla Soledad, Archipiélago de Malvinas, el 28 de mayo de 1982.

Cuando el Teniente Estévez desarrollaba el Curso de Comandos en la Escuela de Infantería, el año 1982, durante el desarrollo de una exigente ejercitación propia de la especialidad, tuvo un paro cardíaco. El médico que lo atendió, no obstante declararlo muerto, continuó prodigándole los auxilios correspondientes; milagrosamente, reaccionó. En forma inmediata, sufre un segundo paro, del que vuelve a recuperarse. Fue enviado al Hospital en forma inmediata. Todos se quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, se presentó para continuar el curso.

Sin duda, el Señor prevé los mejores destinos para sus mejores hijos.

- "Señor Teniente Coronel, basado en mi propia experiencia, durante la Segunda Guerra Mundial en Italia, estimo que, por el potente fuego de artillería enemiga que se recibe más el cansancio de los soldados, será muy difícil sostener las líneas defensivas. Si Ud. me permite, creo que sería conveniente utilizar la Sección de Tiradores Especiales, del Teniente Roberto Estévez, a la que le reconozco un excelente espíritu para el combate."

El Padre Santiago Mora, Capellán del Regimiento de Infantería 12, le hizo esta proposición al Jefe del Regimiento. El Teniente Estévez se encontraba asignado a esta Unidad. Además del ejercicio pastoral en la Guarnición Darwin-Goose Green, sus recuerdos y experiencias, de veterano de guerra en el Teatro de Operaciones Italia, lo impulsaron a realizar esta proposición, por la gravedad de la situación.

- "Gracias, Padre, lo pensaré; mis asesores también me dieron el mismo consejo; esta Reserva es lo último de que disponemos. "

Después de un rápido análisis con su Plana Mayor, adopta la urgente decisión.
- "Teniente Estévez, como último esfuerzo posible, para evitar la caída de la Posición Darwin-Goose Green, su Sección contraatacará en dirección NO, para aliviar la presión del enemigo sobre la Compañía "A", del Regimiento 12 de Infantería. Tratará de recomponer, a toda costa la primera línea. Sé que la misión que le imparto sobrepasa sus posibilidades, pero no me queda otro camino"

Luego, lo despidió con un fuerte abrazo. La difícil y crítica situación no le permitió agregarle ningún otro tipo de detalle a la orden; además, tratándose de Estévez, eran innecesarios.

- "Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen" ...así fue la rápida arenga de Estévez.

Finalmente, todos los integrantes de la fracción, escucharon la mejor y más hermosa orden que puede dar un Jefe: "Seguirme!". Pronto estarían inmersos en el combate.

- "Para la Sección, sobre las fracciones enemigas que se encuentran detrás del montículo, ¡fuego! Artilleros, sobre el lugar, deriva 20 grados, alza 400 metros, ¡fuego! Esté atento Cabo Castro, en dirección a su flanco derecho, puede surgir alguna nueva amenaza..." -diversas órdenes se entrecruzaban en medio del fragor y la ferocidad de la lucha; finalmente, se logra bloquear el avance, y aliviar en parte la presión ejercida por los ingleses.

-Cabo Castro, me hirieron en la pierna, pero no se preocupe, continuaré reglando el tiro de la artillería -gritó, sin titubear, el Teniente Estévez.

- "¡Enfermero, rápido, atienda al Teniente!" -ordenó Castro, con un grito.

- "Me pegaron de nuevo, esta vez en el hombro. Cabo Castro no abandone el equipo de comunicaciones y continúe dirigiendo el fuego de artillería..." -fue su última orden; un certero impacto en la cara, quizás de un tirador especial, lo desplomó sin vida.

- "Soldados, el Teniente está muerto, me hago cargo" - gritó Castro y continuó con la misión ordenada, hasta que fue alcanzado por una ráfaga de proyectiles trazantes, que llegaron a quemar su cuerpo."

-"Camaradas, me hago cargo del mando de la Sección, nadie se mueve de su puesto, economicen la munición, apunten bien a los blancos que aparezcan" -el Soldado Fabricio Carrascul, llevado por el ejemplo heroico de sus Jefes que yacen inermes en el glorioso campo de la guerra, impartió con firmeza su primera orden.


-Los ingleses se repliegan, bien, los hemos detenido y los obligamos a retirarse. ¡Viva la Patria! -gritó con alegría, Carrascul, al ver la maniobra inglesa. En ese momento, un preciso disparo, quizás del mismo tirador especial que eliminó a sus Jefes, le quitó la vida.

Habiendo cumplido con su misión, sin Jefes, agotadas las municiones y transportando sus muertos y heridos, la veterana y gloriosa Primera Sección de Tiradores Especiales se retiró hacia sus posiciones iniciales, habiendo cumplido con la Misión.

La carta póstuma que el Teniente Don Roberto Estévez dejó escrita, en cumplimiento de orden que se impartió al Regimiento, estaba dirigida a su padre. Esta se convirtió en un documento histórico:


Querido papá:

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión? ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?. Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es: 1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. 2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante, 3) que recen por mí.

Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.

Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto

02 febrero 2013

Asamblea del año XIII


instituto nacional manuel dorrego


La Revolución de Mayo instaló dos cuestiones en la agenda política del Río de la Plata: el diseño de un régimen político capaz de garantizar la gobernabilidad del territorio del antiguo Virreinato y  la definición de la cuestión de la soberanía política, ya fuese a través de la sanción de la independencia, de la conservación de los lazos coloniales con España o bien de la creación de nuevos vínculos de dependencia con otra potencia europea. En lo referido a la cuestión del régimen político, las respuestas iniciales incluyeron el ensayo fórmulas colegiadas, como la Primera Junta o la Junta Grande, impulsada por Cornelio Saavedra, que pretendió construir gobernabilidad a través del consenso de las principales ciudades esparcidas a lo largo del antiguo territorio virreinal,  promoviendo el envío de representantes deberían integrarse al órgano de gobierno. Esta iniciativa fue cuestionada por el sector morenista, que exigía la consolidación de la Revolución a través de la guerra, a fin de reemplazar a las élites coloniales locales y modificar las leyes y estructuras sociales heredadas del Antiguo Régimen. Si bien la  posición de Mariano Moreno fue derrotada y su gestor decidió emprender una confusa misión diplomática en cuyo transcurso habría de fallecer, la estrategia de Saavedra terminó por colapsar, a consecuencia de tres grandes límites que no consiguió superar: la negativa de la dirigencia de varias de las principales ciudades del antiguo virreinato a aceptar el liderazgo porteño, los resultados crecientemente desalentadores de la lucha armada que pretendió disciplinarlas y la escasa operatividad de un cuerpo colegiado numeroso para tomar decisiones ejecutivas con la inmediatez que exigía el curso de los acontecimientos.

En relación con la segunda cuestión –la definición de la soberanía política-, se adoptó la tesis inglesa, conocida como la “máscara de Fernando VII”, que implicaba proclamar que el ejercicio del gobierno por parte de las Juntas tenía como fin garantizar la unidad territorial hasta que el monarca legítimo fuera liberado de su prisión napoleónica y pudiese reasumir sus derechos soberanos. En un principio, esta  solución resultó instrumental tanto para los revolucionarios, que contaban así con un principio de legitimidad para reclamar la unidad territorial y la sumisión de las ciudades, cuanto para Gran Bretaña, que accedía al librecambio en el Río de la Plata sin poner en cuestión los derechos políticos de su aliado Fernando VII en la lucha contra Napoleón, preservando de ese modo la continuidad de su alianza europea. Sin embargo, este ingenioso recurso demostró escasa efectividad para imponer la sumisión de los territorios virreinales a Buenos Aires, en tanto que la declinación napoleónica a partir de su derrota en Rusia, en 1812, preanunciaba que la temida reposición de Fernando comenzaba a cobrar cuerpo. Era necesario definir el tema soberanía y al respecto los puntos de vista eran dispares.

Momento de decisión

A pesar del desplazamiento de Mariano Moreno, ni Saavedra ni la Junta Grande consiguieron consolidarse. Los resultados negativos en los frentes de batalla provocaron la rebelión del Cabildo de Buenos Aires, el 22 de septiembre de 1811, que procedió a designar un nuevo gobierno, el Primer Triunvirato, excluyendo a Saavedra y relegando a la Junta a la condición de “Conservadora de los Derechos de Fernando VII”. Inmediatamente el Triunvirato derivó la competencia legislativa al Cabildo porteño, y hacia fines de 1811 la Junta fue disuelta con la excusa de que sus miembros habían instigado un motín fallido -“de las trenzas”- y expulsados de Buenos Aires. La conducción del Primer Triunvirato cayó rápidamente en manos de uno de sus secretarios, Bernardino Rivadavia, que impulsó una drástica política de centralización. Para ello el Triunvirato sancionó un Estatuto que le autoadjudicó el carácter de  Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata,  autorizándose a adoptar las medidas que estimase necesarias para la defensa y salvación de la Patria. En este marco, suprimió las Juntas provinciales e impuso gobernadores y delegados, en su mayoría de origen porteño, anticipando la filosofía del unitarismo. 
El Primer Triunvirato adoptó una política conservadora y pro monárquica, evitó avanzar en sentido de la proclamación de la independencia y adoptó una estrategia militar defensiva, limitada a entorpecer el avance del enemigo. Por tal razón desautorizó la creación y jura de la bandera nacional por parte Manuel Belgrano (27/2/1812). La acción del Triunvirato fue cuestionada por los morenistas, y también por la Logia Lautaro, fundada por entonces en Buenos Aires por José de San Martín y Carlos María de Alvear, recientemente retornados de España. La victoria de Belgrano, en abierta contradicción con las instrucciones recibidas, en las batalla de Tucumán (24/9/1812), propició el desplazamiento del Primer Triunvirato por parte de la Sociedad Patriótica, que nucleaba a la Logia y a los morenistas, con el objetivo de profundizar el curso de la Revolución.  Para ello designó al Segundo Triunvirato, al que impuso la convocatoria de una Asamblea Constituyente con participación de todas las provincias, con el fin de sancionar la Independencia.

La Asamblea Constituyente comenzó a sesionar en Buenos Aires el 31 de enero de 1813. Si bien el artiguismo fue invitado a participar, sus delegados fueron rechazados a consecuencia de las instrucciones de que venían provistos, que exigían la definición de una matriz confederal y se oponían drásticamente a la centralización impulsada por Buenos Aires.  El líder oriental, por su parte, fue declarado “traidor a la patria”. 
En sus primeros tramos la Asamblea evidenció una llamativa actividad, que se tradujo en la sanción de la libertad de vientres, la aprobación del Escudo y del Himno nacional, el establecimiento del 25 de Mayo como fecha patria,  la creación de un sistema de pesos y medidas y la eliminación de los instrumentos de tortura. Asimismo abolió la mita, la encomienda y el yanaconazgo y  suprimió los títulos de nobleza, la heráldica y los blasones, imponiendo la vigencia de una ley comúnEn el terreno bélico la victoria de Belgrano en la decisiva batalla de Salta (10/2/1813) expulsó definitivamente al invasor del territorio nacional. 
Sin embargo, la declinación napoleónica y la inminente restauración de Fernando VII fueron imprimiéndole a la Asamblea una matriz conservadora. Esto se tradujo en la  influencia creciente de Carlos Maria de Alvear, su primer presidente, cuya inocultable acción pro-británica era respaldada por los comerciantes porteños, desvelados por definir cuanto antes una nueva matriz colonial  que les garantizara la continuidad de los pingües negocios que les ofrecía el mercado inglés. En consonancia con esto, las derrotas de Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma (1/9 y 14/10/1813), permitieron archivar el proyecto independentista y crearon las condiciones para una centralización mayor del poder político, concretada a través de la creación del Directorio Supremo a principios de 1814. Sin sorpresas, el primer Director Supremo fue Gervasio Posadas, tío de Alvear, quien en realidad cumplió una especie de interinato hasta que su sobrino regresó del frente de batalla y asumió formalmente el 9 de enero de 1815. 
El curso de los acontecimientos europeos y el debilitamiento del frente bélico, fueron vaciando de contenido a una Asamblea convocada especialmente para sancionar la independencia, de modo tal que registró escasas sesiones a partir de 1814, siendo disuelta tras el desplazamiento de Alvear, el 18 de abril de 1815. Como contrapartida, la presión británica sobre el gobierno del Río de la Plata se incrementaba. Lord Stranford, embajador británico en el Brasil, presionó a las autoridades porteñas para que felicitasen a Fernando VII por su inminente retorno al trono. De manera emblemática, el 25 de mayo de 1814 Sarratea, uno de los enviados del gobierno de las Provincias Unidas a Europa, transmitió esas congratulaciones y reafirmó el vínculo colonial con Fernando, mientras otros dos emisarios, Rivadavia y Belgrano, trataban sin éxito de conseguir a algún príncipe europeo dispuesto a asumir una monarquía hereditaria en nuestro territorio. Por su parte, Alvear sólo recibía la negativa de las autoridades británicas a su proposición  de convertir al Río de la Plata en protectorado inglés. La declinación de Alvear era sorprendente. Poco después, el Gral. Álvarez Thomas, se negó a combatir contra Artigas en el frente oriental y declaró la rebelión contra el Director Supremo, quien se vio obligado a renunciar a su cargo. 
Si bien la Asamblea del año XIII no cumplió con el su objetivo de proclamar la Independencia, significó el inicio de lo que he denominado como Ciclo Independentista, completado por las proclamas de independencia de los Congresos de Oriente –Liga Federal bajo liderazgo de Artigas- (1815) y de Tucumán (1816). Sus contradicciones y sus limitaciones permiten sopesar fielmente la magnitud de la empresa iniciada con la Revolución de Mayo y las formidables resistencias que debieron superarse para llevarla a buen término.

Nota del historiador Alberto Lettieri


20 noviembre 2012

San Martín sobre la defensa de la soberanía en la Vuelta de Obligado


Vuelta de Obligado
Cadenas sobre el Río Paraná

Desde hacía varios años, los conflictos diplomáticos entre Francia, Inglaterra y Buenos Aires estaban a la orden del día. En particular, varias reclamaciones de los europeos –y hasta algún ataque naval- habían sido activadas por decretos que imponían el servicio obligatorio a los extranjeros en las milicias, en caso de peligro inminente. El primer gran conflicto contra Francia ocurrió en 1838, llegando una escuadra francesa a bloquear, en marzo, el puerto de Buenos Aires y todo el litoral del Río de la Plata y, en octubre, a ocupar la Isla Martín García. Entonces, luego de consultar a las provincias y a la Sala de Representantes bonaerense, al gobernador Juan Manuel de Rosas le fue permitido exigir reparaciones por los agravios y daños causados por el bloqueo, en defensa de la dignidad, soberanía e independencia de las provincias. Todos estos enfrentamientos –a los que se sumaba la guerra de Buenos Aires contra Montevideo y Corrientes- estaban teñidos por la guerra civil entre unitarios y rosistas.

En octubre de 1840, las negociaciones llegaban a buen puerto con la firma de una convención entre la nación europea y el gobierno de Rosas, pero se mantenía la guerra con el Uruguay de Fructuoso Rivera. Esta situación hacía inestable cualquier tregua y, en efecto, luego de fracasar varias mediaciones, estando nuevamente involucradas las fuerzas francesas, inglesas y ahora también italianas y brasileñas, se desató el gran conflicto.

Con las negociaciones estancadas y el ultimátum dado a Rosas para que pusiera fin a la guerra con Uruguay y diera la libre navegación de los ríos, comenzó el bloqueo anglo-francés y la posterior expedición por el río Paraná. Era noviembre de 1845. Rosas dispuso que se cortara el paso a las naves extranjeras y, dando cumplimiento a la orden, el 20 de aquel mes, Lucio N. Mansilla preparó el escenario.

La batalla tuvo lugar en la Vuelta de Obligado del Río Paraná, entre las actuales ciudades bonaerenses de Ramallo y San Pedro. Al intentar avanzar varios buques de guerra y mercantes europeos, las fuerzas argentinas, que habían tendido gruesas cadenas a lo ancho del río, procedieron al ataque. Aunque las bajas de las tropas nacionales fueron diez veces mayores y los agresores lograron avanzar, fue vano su intento de vender las mercaderías y recibieron nuevos embestidas río arriba. El saldo final fue frustrante para los europeos. Los tratados de paz recién se alcanzarían en 1849 y 1850.

Aquella jornada, recordada desde entonces como un acto de defensa de la integridad territorial, fue declarada por Ley 20.770 de septiembre de 1974 Día de la Soberanía Nacional. En noviembre de 2010, se la convirtió en feriado nacional.

Fuente: Arturo Capdevila, San Martín, el pensamiento vivo, Buenos Aires, Losada, 1950.

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la república argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”
 José de San Martín


Batalla de Vuelta de Obligado20 de Noviembre

01 noviembre 2012

La historia de la Tierra en sólo 90 segundos

La historia de la Tierra, con una introducción desde el mismo comienzo del Universo, que abarca más de 13.700 millones de años fue recopilada en un increíble video animado en el que se repasa la aparición de las estrellas hasta el rascacielos más alto del mundo levantado en Dubai.



Aunque la existencia de los primeros homínidos se remonta hace poco más de cinco millones de años, con la aparición del Ardipitecus y el Australopitecus en Africa, la historia de nuestro planeta va más allá de este "breve instante humano".
Más, si se tiene en cuenta que la fase final de la evolución de la especie humana fue encarnada por tres especies inteligentes, que durante un largo periodo convivieron y compitieron por los mismos recursos, como el Hombre de Neanderthal, el hombre de Denisova y el hombre moderno u Homo Sapiens, con "solo" unos 200.000 años de antigüedad.
El desafío en el actual video fue concentrar toda la evolución desde la primera explosión del Big Bang, hasta nuestros días. Y el reto fue mayor al sólo mostrarlo en un video de 90 segundos.
El trabajo lo realizó el músico John Boswell , creador de Simphony of Science, un proyecto musical que busca enseñar sobre ciencia y filosofía, a través de experiencias musicales hechas de un modo diferente.
Fuente: La Nación

17 octubre 2012

¿Cómo se gestó el 17 de Octubre de 1945?



10 de octubreSe nombra Ministro de Guerra al Gral. Eduardo Avalos. Perón se despide desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, previa autorización de Farrell que accede a que el acto sea transmitido por radio.

11 de octubre - Se convoca a elecciones para el 7 de abril de 1946. A las 23,00 hs. Perón decide aceptar la invitación de Román Subiza de instalarse por unos días en su estancia en San Nicolás partiendo en auto con Evita. A último momento, cambia el destino y decide ir a una isla que posee el padre de Rudi Freude, en el Delta, cerca de las Tres Bocas. Perón encarga a Mercante que informe de su destino al Ministro de Guerra, para no rehuir responsabilidades.

17 de octubre
La multitud llega a Plaza de Mayo
12 de octubreSe comunica que ha renunciado todo el Gabinete. En la Plaza San Martín una multitud pide la entrega del Gobierno a la Corte Suprema de Justicia.

13 de octubreEn la madrugada del sábado 13, el jefe de policía, Mittelbach, se apersona en el Tigre y el Coronel Perón es detenido en el recreo Tres Bocas de las islas del Delta. El subjefe de policía, Mayor D'Andrea lo lleva a la cañonera Independencia. Posteriormente es trasladado a la isla Martín García. Mercante debe presentarse detenido en Campo de Mayo. El ex director de delegaciones regionales de la Secretaría de Trabajo, al enterarse de la detención del Coronel Perón, se comunica telefónicamente con cada Delegación, informando lo ocurrido.

17 de octubre
Otra vista de Plaza de Mayo.
14 de octubre - Juan Álvarez, el Procurador General de la Nación realiza gestiones para tratar de formar un gabinete de conciliación nacional.

15 de octubre - Se deroga el Estatuto Orgánico de los Partidos Políticos. Un recurso de habeas corpus interpuesto en favor del Coronel Perón es rechazado.

16 de octubre - En la mañana, la comisión general de la CGT se reúne en la sede de los tranviarios y tras un largo debate, se aprueba una huelga por 24,00 hs. a partir de las cero horas del día 18.
El capitán médico Miguel Ángel Mazza informa al Ministro de Guerra que el Coronel Perón padece una antigua afección pulmonar que se agrava por la humedad de la isla y que requiere atención hospitalaria. Al anochecer del día 16, manifestantes de Avellaneda intentan cruzar el puente hacia la Capital. Cerca de trescientos avanzan por Montes de Oca y son disueltos por la policía. Siguen llegando: de Villa Urquiza y de San Fernando


17 de octubre - Ya entrada la mañana, se suman otros que cantan "sin galera y sin bastón, los muchachos de Perón", llegan desde Ensenada, Berisso, Gerli, Quilmes... El movimiento espontáneo se adelanta a la huelga. Son gente extraña para los porteños del centro, son los descamisados. En Tucumán, los trabajadores de los ingenios que estaban en huelga desde el día anterior, marchan de Lules a Mercedes. Se les unen los ferroviarios. En Córdoba, los grupos de trabajadores llegan desde Alta Córdoba, de las canteras, hacia el centro. Perón es traído de Martín García al Hospital Militar Central de Buenos Aires en horas de la madrugada. Juan Álvarez presenta la lista de candidatos para integrar el nuevo gabinete: Tomás Amadeo, Alberto Hueyo, I. Ruiz Moreno, Jorge Figueroa Alcorta y Antonio Vaquer.
17,00 hs.: el Gobierno aprecia que no puede dispersar a la multitud que ocupa la Plaza de Mayo, pues ya hay más de cien mil personas y siguen llegando en camiones de Berisso, Cañuelas, Campana, Santos Lugares. El pueblo pide la presencia de Perón. Ávalos hace traer a Mercante para tranquilizarlos. Finalmente, los dos van a hablar con Perón al Hospital Militar. El presidente Farrell se comunica con Perón y éste acepta su invitación de concurrir a la Casa de Gobierno. A las 23,00 hs. Perón llega a la Casa de Gobierno y, por fin, sale al balcón. Se escucha la voz de Farrell por los altoparlantes: "¡Atención Señores! ... El hombre que por su dedicación y su empeño ha sabido ganarse el corazón de todos: el Coronel Perón..." La multitud ya no escuchaba las palabras del Presidente, sólo vivaban a Perón.

17 de octubre en la plataVideo: Perón recuerda el 17 de octubre


"Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en las densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto... eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”.

Raúl Scalabrini Ortiz

Foto conocida como: "Las patas en la fuente"

29 septiembre 2012

Día del Inventor en Argentina


Ladislao Biro
Ladislao Biro
Desde el año 1990, y por iniciativa de la EAI (Escuela Argentina de Inventores), se festeja en la Argentina, el "Día del Inventor", en homenaje al nacimiento de Ladislao José Biro, el inventor del bolígrafo, popularmente conocido como "birome".

Biro nació en Budapest, Hungría, el 29 de septiembre de 1899, emigró a la Argentina en el año 1940, se nacionalizó argentino, y desarrolló una prolífica carrera como inventor profesional en nuestro país, hasta su fallecimiento, en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de octubre de 1985, a los 86 años de edad.

Birome
Birome



Ladislao José Biro es, sin lugar a dudas, el inventor argentino más importante de toda nuestra historia, y el paradigma del "inventor profesional" comprometido con su rol social a favor del progreso de la humanidad.

Inventor, pintor, periodista e investigador incansable, Biro ha sido, y lo sigue siendo hoy en día, un arquetipo fundamental para los inventores argentinos y de todo el mundo. Entre sus numerosos inventos, el "bolígrafo" es el que más prestigio, reconocimiento y éxito económico le produjo a nivel mundial.



También realizó otros importantes inventos tales como por ejemplo:
  • La caja automática de velocidades para automóviles.
  • La aplicación práctica del principio de sustentación magnética para trenes (posteriormente implementado en Japón).
  • El perfumero a bolilla.
  • La boquilla para cigarrillos con carbón activado.
  • La tinta para bolígrafos.
  • Las máquinas automáticas para la fabricación de bolígrafos.
  • El retractor automático para bolígrafos.
  • Una cerradura inviolable, posteriormente usada por Scotland Yard.
  • Instrumentos de medicina para registrar temperaturas.
  • El lavarropas automático.
  • Un método para el enriquecimiento del Uranio.


24 septiembre 2012

El milagro de las langostas

Batalla de Tucumán

Vea usted: teníamos todo para perder aquel día, pero igual nos moríamos de ganas por salir a degollar. Todavía no había amanecido, y el general iba y venía dando órdenes en lo oscuro. Cualquiera de nosotros, la simple soldadesca de aquella jornada, sabía que nuestro jefe no tenía ni puta idea sobre táctica y estrategia militar. Que era hombre de libros y de leyes, pero que había aceptado obediente el reto de conducir el Ejército del Norte y pararles el carro a los godos. También sabíamos, de oídas, que al enemigo lo manejaba con rienda corta un americano traidor: Pío Tristán, nacido en Arequipa e instruido en España; nos venía pisando los talones con 3000 milicos imperiales y habíamos tenido que vaciar y quemar Jujuy para dejarles tierra arrasada. Muy triste, vea usted. Fue en los primeros días de agosto de 1812. Y el general les ordenó a los pobladores que tomaran lo que pudieran y destruyeran todo lo demás. Le digo la verdad: el que se retobaba podía ser fusilado sin más trámite. No había muchas alternativas. Ayudamos a arrear el ganado y a quemar las cosechas. Yo mismo lo vi con estos mismos ojos, señor: al final cuando no quedaba nada ni nadie Belgrano salió a caballo de la ciudad y se puso a la cabeza de la columna. Íbamos en silencio, con sabor amargo, y tuvimos que cruzar tiros cuando una avanzada de los españoles jodió a nuestra retaguardia a orillas del río Las Piedras. El general mandó a la caballería, a los cazadores, los pardos y los morenos. Meta bala y aceros. Y al final, a los godos no les daban las piernas para correr, señor, se lo juro. Sospechábamos que nos habían atacado con muy poco, pero nosotros veníamos de capa caída: darles esa leña y salir victoriosos fue un golpe de orgullo.
Voy a decirle la verdad: cuando Belgrano se hizo cargo éramos un grupo de hombres desmoralizados, mal armados y mal entretenidos. Y al llegar a Tucumán no crea que habíamos mejorado mucho, aunque marchábamos con la moral en alto. Ahí lo tiene a ese doctorcito de voz aflautada: nos acostumbró a la disciplina y al rigor, y nos insufló ánimo, confianza y dignidad. Aunque en las filas no nos chupábamos el dedo, señor. Pío Tristán nos perseguía con legiones profesionales, sabía mucho más de la guerra y caería sobre nosotros de un momento a otro.
Nos enteramos por un cocinero que incluso el gobierno de Buenos Aires le había dado la orden a Belgrano de no presentar batalla y seguir hasta Córdoba. Pero el general había resuelto desobedecer y hacerse fuerte en Tucumán. Adelantó oficial y tropas con la misión de que avisaran al pueblo que ya entraban para conquistar el apoyo de las familias más importantes y también para reclutar a todo hombre que pudiera empuñar un arma. Había pocos fusiles, y casi no teníamos sables ni bayonetas, así que cuatrocientos gauchos con lanzas y boleadoras pusieron mucho celo en aprender los rudimentos básicos de la caballería. Nosotros los mirábamos con desconfianza, para qué le voy a mentir. "¿Y estos pobres gauchos qué van a hacer cuando los godos se nos vengan encima?". La teníamos difícil, no sé si se da cuenta. Y estuvimos algunos días fortificando la ciudad, armando la defensa, cavando fosos y trincheras, y haciendo ejercicios. "Voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desgraciado me encerraré en la plaza para concluir con honor", les dijo Belgrano a sus asistentes. La noticia corrió como reguero de pólvora. No tiene usted idea lo que es aguardar la muerte, noche tras noche, hasta el momento de la verdad. Le viene a uno un sabor metálico a la boca, se le clava un puñal invisible en el vientre y se le suben, con perdón, los cojones a la garganta. Uno no piensa mucho en esas horas previas. Sólo desea que empiece la acción de una vez por todas y que pase nomás lo que tenga que pasar.
El general finalmente nos puso en movimiento en la madrugada del 24. Avanzamos en silencio absoluto hasta un bajío llamado Campo de las Carreras y ahí estábamos juntando orina y con ganas de salir a degollar cuando apareció el sol y comprobamos que los tres mil imperiales nos tenían a tiro de cañón.
Miré por primera vez a Belgrano en ese instante crucial, señor, y lo vi pálido y decidido. Hacía tres días nomás le había enseñado a la infantería a desplegar tres columnas por izquierda mientras la pobre artillería se ubicaba en los huecos. Era la única evolución que habían ejercitado en la ciudad. Pero los infantes lo hicieron a la perfección, como si no fueran bisoños sino veteranos. El general ordenó entonces que avanzara la caballería y que tocaran paso de ataque: los infantes escucharon aquel toque y calaron bayoneta. Y antes o después, no lo recuerdo, dispuso Belgrano que nuestra artillería abriera fuego. Varias hileras de maturrangos se vinieron abajo. Volaban pedazos de cuerpos por el aire y se escuchaban los alaridos de dolor.
No puedo contarle con exactitud todos esos movimientos porque fueron muy confusos. Sepa nomás que los godos nos doblaban en número, pero que igualmente les arrollamos el ala izquierda y el centro. Y que su ala derecha nos perforó a los gritos y a los sablazos. Tronaban los cañones y levantaba escalofríos el crepitar de la fusilería. Todo se volvió un caos. Nos matábamos, señor mío, con furia ciega y no se imagina usted lo que fue la entrada en combate de los gauchos. Cargaron a la atropellada, lanzas enastadas con cuchillos y ponchos coloridos, pegando gritos y golpeando ruidosamente los guardamontes. Parecían demonios salidos del infierno: atropellaron a los godos, los atravesaron como si fueran mantequilla, los pasaron por encima, llegaron hasta la retaguardia, acuchillaron a diestra y siniestra, y se dedicaron a saquear los carros del enemigo. Eran brutos esos gauchos. Brutos y valientes, pero aquel saqueo los distrajo y los dispersó. Diga que los vientos estaban ese día de nuestra parte. Y esto que le refiero no es sólo una figura, señor. Es la pura realidad. Vea usted: en medio de la reyerta se arma un ventarrón violento que sacude los árboles y levanta una nube de polvo. Y no me lo va a creer pero antes de que llegara el viento denso vino una manga de langostas. De pronto se oscureció el cielo, señor. Miles y miles de langostas les pegaban de frente a los españoles y a los altoperuanos que les hacían la corte. Los paisanos más o menos sabían de qué se trataba, pero los extranjeros no entendían muy bien qué estaba ocurriendo. Dios, que es criollo, los ametrallaba a langostazos. Parecía una granizada de disparos en medio de una polvareda enceguecedora. Le juro que no le miento. Un apocalipsis de insectos, viento y agua misteriosa, porque también empezó a llover. Nuestros enemigos creían que éramos muchos más que ellos y que teníamos el apoyo de Belcebú. Muchos corrían de espanto hacia los bosques. Y con tanto batifondo, sabe qué, apenas nos dimos cuenta de que nuestra derecha estaba siendo derrotada y que armaban un gran martillo para atacarnos por ese flanco.
Nosotros, que estábamos un poco deshechos, nos encontramos entonces en el medio del terreno y haciendo prisioneros a cuatro manos. Unos y otros nos habíamos perdido de vista, y el general cabalgaba preguntando cosas y barruntando que las líneas estaban cortadas. Se cruzaba con dispersos de todas las direcciones y los interrogaba para entender si la batalla estaba ganada o perdida. Y todos le respondíamos lo mismo: "Hemos vencido al enemigo que teníamos al frente". Belgrano permanecía grave como si nos hubiéramos vuelto locos o si le estuviéramos metiendo el perro. Ya no se oía ni un tiro, y mientras nuestro jefe regresaba a la ciudad, Tristán trataba de rearmarse en el sur. La tierra estaba llena de sangre y de cadáveres, y de cañones abandonados. Pero el peligro seguía siendo tanto que muchos patriotas debieron replegarse sobre la plaza, ocupar las trincheras y prepararse para resistir hasta la muerte. Creyendo aquel miserable godo que era dueño de la situación intimó una rendición y advirtió que incendiaría la ciudad si no se entregaban. Nuestra gente le respondió que pasarían a cuchillo a los cuatrocientos prisioneros. Ya sabían adentro que Belgrano venía reuniendo a la caballería.
Pasamos la noche juntando fuerzas, cazando godos, despenando agónicos y pertrechándonos en los arrabales. No tengo palabras para narrarle cómo fueron aquellas tensas horas. Una batalla que no termina es un verdadero suplicio, señor. Anhelábamos de nuevo que saliera el sol para que fuera lo que Dios quisiera. Era preferible morir a seguir esperando.
Al romper el sol, el general había juntado a 500 leales. No se oían ni los pájaros aquella madrugada del 25 de septiembre, y el jefe mandó entrar por el sur y formar frente a la línea del enemigo. Estábamos cara a cara y a campo traviesa. Eramos parejos y, después de tanta matanza, ahora el asunto estaba realmente para cualquiera. Fue Belgrano quien esta vez intimó una rendición. Les proponía a los realistas la paz en nombre de la fraternidad americana. Tristán le contestó que prefería la muerte a la vergüenza. Presuntuoso hijo de la gran puta, nos rechinaban los dientes de la bronca. "Han de estar nerviosos -dijo mi teniente-. Cuando un gallo cacarea es que tiene miedo."
Miramos a Belgrano esperando la orden de carga, pero el doctorcito tenía un ataque de prudencia. Tal vez pensara que no estaba garantizada una victoria, y que no podía arriesgarse todo en un entrevero. En esos aprontes y dudas estuvimos todo el santo día, maldiciéndolo por lo bajo y agarrados a nuestras armas. Por la noche los españoles se dieron a la fuga. Habían perdido 61 oficiales. Dejaban atrás más de seiscientos prisioneros, 400 fusiles, siete piezas de artillería, tres banderas y dos estandartes. Y lo principal: 450 muertos. Nosotros habíamos perdido 80 hombres y teníamos 200 heridos.
Belgrano ordenó que los siguiéramos y les picáramos la retaguardia. Los realistas iban fatigados, con hambre y sed, y en busca de un refugio. Y nosotros los perseguíamos dándoles sable y lanza, y escopeteando a los más rezagados. No le cuento las aventuras que vivimos en esas horas, entre asaltos y degüellos, entrando y saliendo, ganando y perdiendo, porque se me seca la boca de sólo recordarlo, señor mío.
Regresamos a Tucumán con sesenta prisioneros más y muchos compañeros nuestros rescatados de las garras de los altoperuanos. Éramos, en ese momento, la gloriosa división de la vanguardia, y al ingresar a la ciudad, polvorientos y cansados, vimos que el pueblo tucumano marchaba en procesión y nos sumamos silenciosamente a ella. Allí iba el mismísimo general Belgrano, que era hombre devoto, junto a Nuestra Señora de las Mercedes y camino al Campo de las Carreras, donde los gauchos, los infantes, los dragones, los pardos y los morenos, los artilleros y las langostas habíamos batido al Ejército Grande.
Créame, señor, que yo estaba allí también cuando el general hizo detener a quienes llevaban a la Virgen en andas. Y cuando, ante el gentío, se desprendió de su bastón de mando y se lo colocó a Nuestra Señora en sus manos. Un tucumano comedido comentó, en un murmullo, que la había nombrado Generala del Ejército, y que Tucumán era "el sepulcro de la tiranía". La procesión siguió su curso, pero nosotros estábamos acojonados por ese gesto de humildad. Había desobedecido al gobierno y se había salido con la suya contra un ejército profesional que lo doblaba en número y experiencia, pero el general no era vulnerable a esos detalles, ni al orgullo ni a la gloria. No se creía la pericia del triunfo. Le anotaba todo el crédito de la hazaña a esa Virgen protectora, y no tenía ni siquiera la precaución de disimularlo ante el gentío.
Nosotros tampoco sabíamos, la verdad, que habíamos salvado la revolución americana, ni que el cielo había guiado el juicio de nuestro estratega ni que Dios había mandado aquellos vientos y aquellas langostas. Recuerde: éramos la simple soldadesca y no creíamos en milagros. Veníamos de merendar godos y altoperuanos por la planicie y todo lo que queríamos en ese momento era un vaso de vino y un lugar fresco a la sombra. Pero mirábamos a ese jefe inexperto y frágil y lo veíamos como a un gigante. Y lo más gracioso, vea usted, es que a pesar del cuero curtido y el corazón duro de cualquier soldado viejo, a muchos de nosotros empezaron a corrernos las lágrimas por el morro. Porque Belgrano era exactamente eso. Un gigante, señor. Un gigante.
El siguiente texto, publicado en la edición impresa de LA NACION del sábado 18 de septiembre de 2010, pertenece a un fragmento del libro Las mujeres más solas del mundo, de Jorge Fernández Díaz.

21 septiembre 2012

Día del Estudiante


Se conmemora el 21 de septiembre y si bien coincide con el día de la primavera, la verdadera razón de la elección de esa fecha es que en ese día de 1888 llegaron a Buenos Aires los restos repatriados del prócer Domingo Faustino Sarmiento (falleció en Paraguay), quien durante su presidencia fue responsable de la construcción de más de 800 escuelas. 

Su origen se debe a la propuesta del por entonces estudiante y luego destacado arqueólogo Salvador Debenedetti, que en 1902, cuando era presidente del centro de estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. 

Su propuesta fue aceptada para la facultad, y luego extendida a todo el país. 

¡Feliz día a todos los estudiantes!



19 septiembre 2012

Bicentenario del Éxodo Jujeño


El Bando de Belgrano:

Éxodo Jujeño
Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.

”Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.

”Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y lanares que haya en vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarándolos además si no lo hicieseis traidores a la patria.

”Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.

”Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.

Éxodo Jujeño
”Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con sólo lo deposición de dos testigos.

”Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.

”No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.

”Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812”.

Manuel Belgrano,General en Jefe del Ejercito del Norte.

17 septiembre 2012

Día del Profesor Argentino

Ser profesor es la elección de una forma de vida que se asume desde la labor diaria, las exigencias, la lucha, el agotamiento, la esperanza y la alegría de hacer lo que eligieron ser”. (José Manuel Estrada)


José Manuel Estrada
Hoy se celebra el día del Profesor recordando la muerte de José Manuel Estrada; que falleció el 17 de septiembre de 1897. 

En su figura se destaca la firmeza ética, la claridad de sus ideas, el fervor para comunicarlas y sostenerlas, y las páginas escritas sobre la educación de la juventud, fuentes fundamentales de referencias pedagógicas y de formación moral. Nacido en 1842 fue orador y escritor argentino, uno de los fundadores del partido radical. Fue autor de importantes estudios históricos, entre ellos: "Orígenes de nuestra raza", de 1861 y "El catolicismo y la democracia", 1862. Se desempeñó como profesor secundario y universitario, defendiendo la libertad de cátedra a través de la manifestación de sus ideas.

En 1884 fue destituido de sus cargos por sus ideas contrarias a la Ley. Recibió la adhesión de sus alumnos que, al acudir a su casa para homenajearlo y despedirlo, se encontraron con estas palabras que hoy deben guiar la acción educadora: "De las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad." Apuntando a que la escuela debe apuntar a una educación integral del hombre.

11 septiembre 2012

Día del Maestro


El 11 de septiembre se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Sarmiento, el Maestro de la Patria. Para recordarlo, se homenajea a los docentes en todo el país.

Domingo Sarmiento
Sin duda no hay argentino que haya contribuido más al desarrollo de la educación que Domingo Faustino Sarmiento. Durante su Presidencia (1868-1874) se propuso elevar el nivel social de amplios sectores de la sociedad a partir de una fuerte acción educativa impulsada por el Estado. En ese entonces la educación era privilegio de un sector muy reducido de la sociedad, perteneciente o muy estrechamente relacionada con la clase dominante. Sarmiento abogó por una educación popular: “Lo que necesitamos primero –dijo– es civilizarnos, no unos doscientos individuos que cursan las aulas, sino unos doscientos mil que no cursan ni las escuelas”.
Es por ello que en 1943, a 55 años de su fallecimiento, la Conferencia Interamericana de Educación -integrada por educadores de toda América- se reunió en Panamá y estableció el 11 de septiembre como Día del Maestro.

Sus ideas, pese a su carácter progresista, eran vistas con recelo por parte de la oligarquía y la Iglesia, a los que Sarmiento explicaba que lejos de poner en peligro sus intereses, los reproducía y confirmaba: "Para tener paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales... para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela." Al régimen aristocrático opuso el democrático, dentro de los cánones de la época: “la escuela para todos; el colegio para los que pueden; la universidad para los que quieran”. Después de analizar presupuesto de instrucción pública, le escribe una carta a Rojas Paul: “El Congreso de la República Argentina da 100.000 pesos fuertes para las escuelas en que debieran educarse 400.000 niños, y 280.000  pesos para los colegios en que sólo se educan 1.500, sin que nadie sepa por qué esos y no otros niños son los tan ampliamente agraciados”.

Su gran pasión era lo que llamó “educación popular”, “educación nacional” o también “educación común”: “La educación más arriba de la instrucción primaria la desprecio como medio de civilización. Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Todos los pueblos han tenido siempre doctores y sabios, sin ser civilizados. Por eso son las escuelas la base de la civilización”. En consecuencia, durante su presidencia impulsó la educación fundando en todo el país unas 800 escuelas.

Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En 1882, logró la sanción de su viejo proyecto de ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevará el número 1420. Por supuesto, no puede verse en esta postura un rasgo de ateísmo o actitud contraria  a la religión. Sarmiento estaba convencido de la mayor eficacia de la educación laica y, por otra parte, creía que imposición de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas se oponía a los principios de libertad sostenidos en la Constitución de 1853.

La magnitud y alcance la obra educativa de domingo Faustino Sarmiento solo se entiende cuando se la considera en el contexto de su modo de pensar la realidad Argentina de su época, como un conflicto entre civilización y barbarie. La educación se revela como el aspecto más luminoso del “Maestro de la Patria” que contrasta con otros aspectos más polémicos y antipopulares de su accionar político.  No obstante, la figura de Sarmiento a trascendido su propia historia y hoy se ha convertido en un símbolo del gigantesco esfuerzo que miles de docentes argentinos desarrollan día a día.