Eduardo Couture es autor de numerosos libros, sobre todo en materia de derecho procesal civil, pero se destaca en su obra "Los mandamientos del abogado" donde desarrolla diez "mandamientos" que debe cumplir un abogado en el ejercicio de su profesión:
Eduardo Juan Couture
Estudia: El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.
Piensa: El derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
Trabajo: La abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de las causas justas.
Procura la justicia: Tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia.
Se leal: Leal con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú dices; y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.
Tolera: Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.
Ten paciencia: En el derecho, el tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
Ten fe: Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia. Y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia ni paz.
Olvida: La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.
Ama tu profesión: Trata de considerar la abogacía de tal manera, que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti, proponerle que se haga abogado.
Hoy se conmemora el Día del Abogado, por la fecha de nacimiento de
Juan Bautista Alberdi.
Juan Bautista Alberdi
Juan Bautista Alberdi, uno de los más lúcidos pensadores, autor de las “Bases y puntos de partida para la organización
política de la
Confederación Argentina”, que se tuvo particularmente en
cuenta al sancionarse la
Constituciónde 1853.
Aunque
vivió gran parte de su vida fuera de la Argentina dejó grandes lecciones de civismo y
jurisprudencia, además deun acérrimo defensor de
la paz y el sistema republicano, diseñó con sus ideas un modelo de país sobre
el respeto de los derechos individuales, principios que fueron tenidos en
cuenta para la cimentación del país en que hoy habitamos.
Los argentinos celebran elDía del Abogadoel
29 de agosto, por haber nacido en esta fecha, en 1810, Juan
Bautista Alberdi. Resulta curioso, sin embargo, saber que Alberdi
nunca ejerció la profesión de letrado en nuestro país.
Juan Bautista nació en Tucumán y, a los 14 años, obtuvo una beca para estudiar
en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires (hoy Colegio Nacional). Luego
siguió abogacía en la
Universidad pero, al completar sus estudios, ocurrió que el
gobierno de Juan Manuel de Rosas impuso un juramento de fidelidad al régimen
federal como requisito para la habilitación profesional.
Alberdi, que había sufrido ya como periodista el cierre del periódico La Moda por parte del gobernador,
no quiso aceptar y prefirió marchar al destierro. En 1838 subió al bote que iba
a acercarlo hasta el barco que hacía la carrera a Montevideo y, todavía a la
vista de las autoridades y público del puerto, tiró al agua el cintillo punzó,
de uso obligatorio. En la capital uruguaya trabajó en un diario e impulsó la
expedición encabezada por Juan Lavalle, pero ante el fracaso de la misma
revalidó su diploma de abogado y vivió de sus honorarios.
Al producirse el sitio de Montevideo por las
tropas rosistas encabezadas por Manuel Oribe, Juan Bautista viajó a Europa y
luego se radicó en Valparaíso con sus últimos ahorros, donde ejerció el
periodismo para sustentarse. Al poco tiempo presentó una tesis sobre El
Congreso Americano en la
Universidad y se dedicó intensamente a la abogacía. Su
talento lo hizo distinguirse en el foro y llegó a ser el profesional mejor
remunerado de la ciudad. Con sus ingresos se compró la quinta Las Delicias, en
donde recibía los domingos al mediodía a los emigrados argentinos y sus
familias. Allí se enamoró de Matilde, la hija de su amigo Carlos Lamarca.
Cuando Urquiza derrotó en Caseros a Rosas, Alberdi escribióBases y
Puntos de Partida para la Reorganización
Institucional, sugiriendo la implementación de un
programa republicano que estableciera la libertad de cultos, el liberalismo
económico y el fomento de la inmigración. En relación a la educación, proponía
dejar a un lado la instrucción humanística, para acentuar la formación de
artesanos que supieran labrar la tierra y construir caminos, puentes y
ferrocarriles. No necesitamos abogados, sino técnicos, sostuvo tajantemente. En
1855, el presidente Urquiza le pidió a Juan Bautista que viajara a París como
embajador, para evitar que las naciones europeas reconocieran a Buenos Aires
como nación independiente. Hacia allí partió el tucumano directamente desde
Valparaíso, sin regresar a la
Argentina.
Cuando Mitre venció a Urquiza en Pavón, el país
se unificó bajo su mando, y decretó la cesantía del diplomático. Al producirse
la guerra de la Triple
Alianza contra el Paraguay, Alberdi condenó la actuación
argentina. Dijo que era una confrontación absurda, hecha por la vanidad de los
gobernantes, y que si algún país tenía algo de razón, era más bien el Paraguay.
El gobierno argentino lo acusó de traidor a la patria y Juan Bautista debió
permanecer exiliado en Francia otros catorce años. Después de la confrontación
franco-prusiana escribió El crimen de la guerra: con estilo de abogado fue
encadenando los argumentos para demostrar que la guerra no es un derecho, sino
un delito; y que la justicia sólo es tal cuando es impartida por un tercero
imparcial. Recién en 1879, cuando estaba a punto de cumplir los 70 años,
arrastraba los pies y era una figura legendaria, Alberdi regresó a su patria.
Había pasado 41 años en el extranjero, aunque siempre escribiendo sobre su país.
En la Facultad
de Derecho de Buenos Aires pronunció una conferencia: La omnipotencia del
Estado es la negación de la libertad individual. Pero la emotividad de sus
años le impidió completar la lectura y le pidió a Félix Frías que terminara de
leer las cuartillas que él había preparado. No tenía fuerzas tampoco para
empezar de nuevo a litigar. Volvió a París, donde murió solo y soltero, en una
casa de salud del suburbio de Neully Sur Seine, el 29 de junio de 1884.
Juan Bautista Alberdi diseñó la arquitectura constitucional de la república y
exaltó la armonía entre las naciones. Aunque nunca ejerció la profesión en su
país, nos dejó a los abogados la mejor de las lecciones: defendió la paz y el
sistema republicano, aun al costo de sufrir en carne propia el destierro y las
persecuciones.